
LO SOCIAL, DERECHO Y DEBER DE LA IGLESIA
La Iglesia, para cumplir con sinceridad su misión, junto con predicar que el hombre es imagen de Dios, debe procurar que sea respetado y viva como tal. Cuando contempla un orden socioeconómico injusto, que oprime a la persona humana. Ella, como custodia de la verdad y de la moral, no puede callar, ni menos permanecer pasiva, cooperando indirectamente con el mal.
Ya Pío XI expresó claramente: “Es un error afirmar que el orden económico y el orden moral estén separado”. (Encíclica “Quadragesimo Anno”, N° 31)
A lo que agregó Pío XII: “Es competencia indiscutible de la Iglesia, en aquella parte del orden social en que éste se acerca y aun llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un determinado orden social están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador ha manifestado por medio del derecho natural y de la Revelación”. (Radiomensaje de Pentecostés, 1941, N° 5)
Siguiendo estas líneas, el Concilio Vaticano II define muy bien la misión de la Iglesia y su responsabilidad en el mundo, como ya notamos más arriba:
“La misión que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 42)
Además, siendo la vida en este mundo la condición que determina la suerte del hombre por toda la eternidad, la Iglesia tiene la obligación de señalar a sus hijos las normas de conducta que han de adoptar en todas partes sus actividades terrenas, para cumplir el Plan de Dios en el mundo y alcanzar su destino sobrenatural.
Todo esto corresponde al Magisterio de la Iglesia, es decir, a la “potestad y deber” que Cristo le confió de enseñar a los hombres la verdad y tutelar el orden moral.
Por esta razón, el mismo Concilio declara:
“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna, y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 76)
FUE ASÍ DESDE LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA
Cristo predicó una doctrina que habla de justicia, de paz, de generosidad y amor entre los hombres. Desde el comienzo, sus seguidores se distinguieron por la práctica fervorosa de estas virtudes. Y el mundo pagano se estremeció, porque con tal doctrina eran atacadas a fondo sus estructuras injustas, crueles e inhumanas. Los conceptos de “dignidad del hombre”, “empleo justo de las riquezas”, “fraternidad humana”, “amor a los pobres”, etc., comenzaron desde entonces a penetrar en el mundo.
Así, cuando la Iglesia empezó a ser considerada como autoridad espiritual humanizadota, se constituyó en civilizadora de los pueblos, promotora de la cultura y animadora de la vida social a través de la historia.
En la época contemporánea, los Papas han levantado valientemente su voz para denunciar injusticias sociales, defender los derechos de las grandes masas trabajadoras, señalando los principios fundamentales en que debe recrearse un orden político-económico humanitario.
Ya Pío XI expresó claramente: “Es un error afirmar que el orden económico y el orden moral estén separado”. (Encíclica “Quadragesimo Anno”, N° 31)
A lo que agregó Pío XII: “Es competencia indiscutible de la Iglesia, en aquella parte del orden social en que éste se acerca y aun llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un determinado orden social están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador ha manifestado por medio del derecho natural y de la Revelación”. (Radiomensaje de Pentecostés, 1941, N° 5)
Siguiendo estas líneas, el Concilio Vaticano II define muy bien la misión de la Iglesia y su responsabilidad en el mundo, como ya notamos más arriba:
“La misión que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 42)
Además, siendo la vida en este mundo la condición que determina la suerte del hombre por toda la eternidad, la Iglesia tiene la obligación de señalar a sus hijos las normas de conducta que han de adoptar en todas partes sus actividades terrenas, para cumplir el Plan de Dios en el mundo y alcanzar su destino sobrenatural.
Todo esto corresponde al Magisterio de la Iglesia, es decir, a la “potestad y deber” que Cristo le confió de enseñar a los hombres la verdad y tutelar el orden moral.
Por esta razón, el mismo Concilio declara:
“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna, y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 76)
FUE ASÍ DESDE LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA
Cristo predicó una doctrina que habla de justicia, de paz, de generosidad y amor entre los hombres. Desde el comienzo, sus seguidores se distinguieron por la práctica fervorosa de estas virtudes. Y el mundo pagano se estremeció, porque con tal doctrina eran atacadas a fondo sus estructuras injustas, crueles e inhumanas. Los conceptos de “dignidad del hombre”, “empleo justo de las riquezas”, “fraternidad humana”, “amor a los pobres”, etc., comenzaron desde entonces a penetrar en el mundo.
Así, cuando la Iglesia empezó a ser considerada como autoridad espiritual humanizadota, se constituyó en civilizadora de los pueblos, promotora de la cultura y animadora de la vida social a través de la historia.
En la época contemporánea, los Papas han levantado valientemente su voz para denunciar injusticias sociales, defender los derechos de las grandes masas trabajadoras, señalando los principios fundamentales en que debe recrearse un orden político-económico humanitario.
NECESIDAD DE CONVERSIÓN
Al trabajar por la renovación cristiana del mundo según los principios y normas de esta Doctrina, sus seguidores han de tener en cuenta que no podrá haber cambios sociales reales y efectivos mientras no cambien a fondo las personas; y que no puede promoverse una verdadera cristianización del mundo si sus impulsores no son consecuentes con las exigencias cristianas de su propia vida personal.
“La Iglesia considera, ciertamente, importante y urgente la edificación de estructuras más humanas, más justas, más respetuosas de los derechos de las personas, menos opresivas y menos avasalladoras; pero está consciente de que aun las mejores estructuras, los sistemas más idealizados, se convierten pronto en inhumanos, si las inclinaciones del hombre no son saneadas; si no hay una conversión de corazón y de mente por parte de quienes viven esas estructuras o las rigen”. (Pablo IV, “Evangelii Nuntiandi, Nº 36).
¿DE DÓNDE VENDRÁ LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA?
¿POR QUÉ SE LE TIENE TANTO RESPETO A SU OPINIÓN EN MATERIAS HUMANAS?
FUENTES DE LAS ENSEÑANZAS SOCIALES
Como parte integrante del mensaje cristiano, la Doctrina Social reconoce las siguientes fuentes:
1. La ley natural, entendiendo como tal el conjunto de normas éticas que todo hombre descubre en su propia conciencia, por simple hecho de ser hombre. Así, por ejemplo, tanto un cristiano como un budista o un musulmán, sienten como algo natural que el hombre debe hacer el bien y evitar el mal. Que debe ser justo, solidario con sus semejantes, misericordioso, etc. Que no debe robar, explotar a los demás, asesinar, etc. Es su misma razón la que le dicta tales principios.
Estos grandes principios universales, son las primeras bases de la Enseñanza Social de la Iglesia.
2. La Revelación: es aquello que el hombre ha aprendido directamente de Dios, porque Él mismo quiso manifestárselo. ¡La Revelación general para toda la humanidad, está en la Biblia! Sus grandes principios son base fundamental de la Doctrina Social. Integrada también a la Revelación está la Tradición, que comprende el conjunto de “costumbres” recibidas de los Apóstoles y transmitidas por sus legítimos sucesores hasta nosotros. Es parte de la vida de la Iglesia; afluye al caudal en que ella navega y enmarca la acción y la interpretación cristianas. Está estrechamente unida y compenetrada con la Sagrada Escritura.
Existen pasajes y textos de la Biblia, por ejemplo, que nos recuerdan con frecuencia aspectos o principios de carácter social. Después de la creación de los animales, dice el Señor: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26), con lo cual manifiesta la dignidad del hombre, superior a todas las otras creaturas. Otros grandes principios bíblicos, son: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39). “Quien tenga dos túnicas, dé una al que no tiene” (Lc 3,11). “El salario que no pagasteis a los obreros en vuestros campos, clama al Señor” (Stgo 5,4). Como éstas podríamos señalar decenas de citas.
3. El Magisterio Social: Es la enseñanza oficial dada por la Iglesia, a través de quienes tienen autoridad para ello, conteniendo normas y principios relativos al orden social, económico y político. Los documentos que contienen el Magisterio Social, constituyen las fuentes especiales de la Doctrina Social, en tanto que la Ley Natural, la Revelación (Biblia y Tradición), son sus fuentes generales. Entre los documentos del Magisterio Social, deben mencionarse las Encíclicas de los Papas; las enseñanzas del Concilio Vaticano II, especialmente la Constitución “Gozo y Esperanza”; los acuerdos de los Obispos latinoamericanos en Medellín, Puebla y Santo Domingo; y los pronunciamientos de las Conferencias Episcopales de los distintos países.
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