
INFLUENCIA SOCIAL-HISTÓRICA DEL CRISTIANISMO
Sobre los cambios sociales provocados por el Cristianismo (Sin pretender agotar el tema) escribió León XIII:
“Con las máximas cristianas se renovó de arriba abajo la sociedad civil. Por virtud de esta renovación se mejoró el género humano. Cuando el mundo recibió la ley del Evangelio, la vida de Jesucristo penetró en las entrañas de la sociedad civil y la impregnó de sus preceptos y de sus leyes”. (Encíclica Rerum Novarum, N° 39)
Aniquilado el Imperio Romano por los bárbaros, la Iglesia logró cristianizarlos y fue en la Edad Media la rectora de una nueva civilización. Los monasterios fueron verdaderas escuelas de trabajo. Gracias a ellos se conservó la cultura de la antigüedad. Ellos fueron los creadores de las primeras universidades que conoció el mundo.
Hacia el año 1000 nacen, amparados por la Iglesia, los gremios, de extraordinaria importancia social. Se trataba de las primeras asociaciones de trabajadores de una misma profesión, organizados para aprender y perfeccionarse en su oficio, y para defender sus intereses económicos, sociales y religiosos.
Al irse adaptando los principios generales del Cristianismo a las necesidades de cada época, algunos Padres de la Iglesia y filósofos cristianos estudiaron en profundidad los problemas sociales. Destacó especialmente Santo Tomás de Aquino (Siglo XIII), cuya enseñanza dominó la Edad Media, llegando su influencia e importancia hasta nuestros días.
LAS TRANSFORMACIONES DE LA ERA INDUSTRIAL Y SUS CONSECUENCIAS
A fines del siglo XVIII (hasta la fecha) se produce, empezando en Europa y radicalizándose en Norteamérica, un cambio brusco en las formas de trabajo, en la vida económica total, a raíz de la sustitución del obrero por la invención de la maquinaria que lo va lentamente desplazando. Esto produjo una acumulación de capitales en manos de unos pocos, cesantía y una extraordinaria explotación de la mano de obra.
Lamentablemente, como recuerda León XIII los antiguos “gremios” fueron destruidos y los obreros, solos e indefensos, quedaron entregados a la inhumanidad de sus amos con “un yugo que difería poco del de los esclavos”.
Esta situación produjo una violenta reacción en pensadores sociales y en los trabajadores.
Entre los movimientos no cristianos nacieron así diversas formas de socialismo ateo, siendo el más importante de ellos el propuesto por el filósofo alemán Carlos Marx (1818-1883) quien lanzó, con su colega Federico Engels, el famoso “Manifiesto Comunista”, punto de partida del socialismo totalitario y del comunismo ateo.
Antes de la aparición del movimiento marxista ya hubo grupos católicos sociales que estudiaron y lucharon contra las injusticias del régimen capitalista, especialmente en Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Como consecuencia de estos estudios y experiencias, un grupo de estos precursores se reunió en Friburgo (Suiza) y prepararon una serie de estudios que culminarían con algunas de las primeras encíclicas sociales emitidas especialmente por el Papa León XIII.
Vale la pena señalar que aquí el nombre de José Toniolo, excelente filósofo y teólogo de los problemas sociales, el cual dio los elementos de las ciencias sociales (economía y sociología) necesarios parea darle fundamento científico al movimiento católico.
Algunos obispos, por su parte, denunciaron en enérgicos documentos la explotación a que eran sometidos los trabajadores en los países europeos. Mons. Ketler, en Alemania; el Cardenal Gibbons, en Bélgica; el Cardenal Manning, en Estados Unidos, son algunos de los nombres destacados en el esfuerzo de la Jerarquía de la Iglesia en la aplicación del Evangelio al campo de las relaciones político-económicas, de los hombres.
Sobre los cambios sociales provocados por el Cristianismo (Sin pretender agotar el tema) escribió León XIII:
“Con las máximas cristianas se renovó de arriba abajo la sociedad civil. Por virtud de esta renovación se mejoró el género humano. Cuando el mundo recibió la ley del Evangelio, la vida de Jesucristo penetró en las entrañas de la sociedad civil y la impregnó de sus preceptos y de sus leyes”. (Encíclica Rerum Novarum, N° 39)
Aniquilado el Imperio Romano por los bárbaros, la Iglesia logró cristianizarlos y fue en la Edad Media la rectora de una nueva civilización. Los monasterios fueron verdaderas escuelas de trabajo. Gracias a ellos se conservó la cultura de la antigüedad. Ellos fueron los creadores de las primeras universidades que conoció el mundo.
Hacia el año 1000 nacen, amparados por la Iglesia, los gremios, de extraordinaria importancia social. Se trataba de las primeras asociaciones de trabajadores de una misma profesión, organizados para aprender y perfeccionarse en su oficio, y para defender sus intereses económicos, sociales y religiosos.
Al irse adaptando los principios generales del Cristianismo a las necesidades de cada época, algunos Padres de la Iglesia y filósofos cristianos estudiaron en profundidad los problemas sociales. Destacó especialmente Santo Tomás de Aquino (Siglo XIII), cuya enseñanza dominó la Edad Media, llegando su influencia e importancia hasta nuestros días.
LAS TRANSFORMACIONES DE LA ERA INDUSTRIAL Y SUS CONSECUENCIAS
A fines del siglo XVIII (hasta la fecha) se produce, empezando en Europa y radicalizándose en Norteamérica, un cambio brusco en las formas de trabajo, en la vida económica total, a raíz de la sustitución del obrero por la invención de la maquinaria que lo va lentamente desplazando. Esto produjo una acumulación de capitales en manos de unos pocos, cesantía y una extraordinaria explotación de la mano de obra.
Lamentablemente, como recuerda León XIII los antiguos “gremios” fueron destruidos y los obreros, solos e indefensos, quedaron entregados a la inhumanidad de sus amos con “un yugo que difería poco del de los esclavos”.
Esta situación produjo una violenta reacción en pensadores sociales y en los trabajadores.
Entre los movimientos no cristianos nacieron así diversas formas de socialismo ateo, siendo el más importante de ellos el propuesto por el filósofo alemán Carlos Marx (1818-1883) quien lanzó, con su colega Federico Engels, el famoso “Manifiesto Comunista”, punto de partida del socialismo totalitario y del comunismo ateo.
Antes de la aparición del movimiento marxista ya hubo grupos católicos sociales que estudiaron y lucharon contra las injusticias del régimen capitalista, especialmente en Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Como consecuencia de estos estudios y experiencias, un grupo de estos precursores se reunió en Friburgo (Suiza) y prepararon una serie de estudios que culminarían con algunas de las primeras encíclicas sociales emitidas especialmente por el Papa León XIII.
Vale la pena señalar que aquí el nombre de José Toniolo, excelente filósofo y teólogo de los problemas sociales, el cual dio los elementos de las ciencias sociales (economía y sociología) necesarios parea darle fundamento científico al movimiento católico.
Algunos obispos, por su parte, denunciaron en enérgicos documentos la explotación a que eran sometidos los trabajadores en los países europeos. Mons. Ketler, en Alemania; el Cardenal Gibbons, en Bélgica; el Cardenal Manning, en Estados Unidos, son algunos de los nombres destacados en el esfuerzo de la Jerarquía de la Iglesia en la aplicación del Evangelio al campo de las relaciones político-económicas, de los hombres.
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