CONTROL DE LECTURA
METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN
“LA RECOLECCIÓN DE DATOS DESDE EL ENFOQUE CUALITATIVO”
RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA
INSTRUCCIONES:
- CONTESTE EN SU TOTALIDAD EL SIGUIENTE CUESTIONARIO EN FORMA INDIVIDUAL.
- FECHA DE ENTREGA: 08 DE ABRIL DE 2008.
- ENTREGAR SÓLO VÍA E-MAIL: avelozm@gmail.com
CUESTIONARIO:
1. ¿QUÉ PROPÓSITO TIENE LA RECOLECCIÓN DE DATOS DESDE EL ENFOQUE CUALITATIVO?
2. EXPLIQUE Y EJEMPLIFIQUE CADA UNA DE LAS DOS FASES DE LA RECOLECCIÓN DE DATOS DESDE EL ENFOQUE CUALITATIVO. (NO COPIE LOS EJEMPLOS DEL LIBRO)
3. ¿EN QUÉ CONSISTE CADA UNA DE LAS UNIDADES DE ANÁLISIS SUGERIDAS POR LOFLAND Y LOFLAND?
4. QUÉ ES:
A. LA ENTREVISTA CUALITATIVA
B. LA OBSERVACIÓN CUALITATIVA
C. FOCUS GROUPS
viernes, 4 de abril de 2008
jueves, 27 de marzo de 2008
SOLLICITUDO REI SOCIALIS
En el siguiente link encontrarán el texto completo "Sollicitudo rei Socialis"...
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis_sp.html
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis_sp.html
domingo, 23 de marzo de 2008
INFLUENCIA SOCIAL-HISTÓRICA DEL CRISTIANISMO

INFLUENCIA SOCIAL-HISTÓRICA DEL CRISTIANISMO
Sobre los cambios sociales provocados por el Cristianismo (Sin pretender agotar el tema) escribió León XIII:
“Con las máximas cristianas se renovó de arriba abajo la sociedad civil. Por virtud de esta renovación se mejoró el género humano. Cuando el mundo recibió la ley del Evangelio, la vida de Jesucristo penetró en las entrañas de la sociedad civil y la impregnó de sus preceptos y de sus leyes”. (Encíclica Rerum Novarum, N° 39)
Aniquilado el Imperio Romano por los bárbaros, la Iglesia logró cristianizarlos y fue en la Edad Media la rectora de una nueva civilización. Los monasterios fueron verdaderas escuelas de trabajo. Gracias a ellos se conservó la cultura de la antigüedad. Ellos fueron los creadores de las primeras universidades que conoció el mundo.
Hacia el año 1000 nacen, amparados por la Iglesia, los gremios, de extraordinaria importancia social. Se trataba de las primeras asociaciones de trabajadores de una misma profesión, organizados para aprender y perfeccionarse en su oficio, y para defender sus intereses económicos, sociales y religiosos.
Al irse adaptando los principios generales del Cristianismo a las necesidades de cada época, algunos Padres de la Iglesia y filósofos cristianos estudiaron en profundidad los problemas sociales. Destacó especialmente Santo Tomás de Aquino (Siglo XIII), cuya enseñanza dominó la Edad Media, llegando su influencia e importancia hasta nuestros días.
LAS TRANSFORMACIONES DE LA ERA INDUSTRIAL Y SUS CONSECUENCIAS
A fines del siglo XVIII (hasta la fecha) se produce, empezando en Europa y radicalizándose en Norteamérica, un cambio brusco en las formas de trabajo, en la vida económica total, a raíz de la sustitución del obrero por la invención de la maquinaria que lo va lentamente desplazando. Esto produjo una acumulación de capitales en manos de unos pocos, cesantía y una extraordinaria explotación de la mano de obra.
Lamentablemente, como recuerda León XIII los antiguos “gremios” fueron destruidos y los obreros, solos e indefensos, quedaron entregados a la inhumanidad de sus amos con “un yugo que difería poco del de los esclavos”.
Esta situación produjo una violenta reacción en pensadores sociales y en los trabajadores.
Entre los movimientos no cristianos nacieron así diversas formas de socialismo ateo, siendo el más importante de ellos el propuesto por el filósofo alemán Carlos Marx (1818-1883) quien lanzó, con su colega Federico Engels, el famoso “Manifiesto Comunista”, punto de partida del socialismo totalitario y del comunismo ateo.
Antes de la aparición del movimiento marxista ya hubo grupos católicos sociales que estudiaron y lucharon contra las injusticias del régimen capitalista, especialmente en Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Como consecuencia de estos estudios y experiencias, un grupo de estos precursores se reunió en Friburgo (Suiza) y prepararon una serie de estudios que culminarían con algunas de las primeras encíclicas sociales emitidas especialmente por el Papa León XIII.
Vale la pena señalar que aquí el nombre de José Toniolo, excelente filósofo y teólogo de los problemas sociales, el cual dio los elementos de las ciencias sociales (economía y sociología) necesarios parea darle fundamento científico al movimiento católico.
Algunos obispos, por su parte, denunciaron en enérgicos documentos la explotación a que eran sometidos los trabajadores en los países europeos. Mons. Ketler, en Alemania; el Cardenal Gibbons, en Bélgica; el Cardenal Manning, en Estados Unidos, son algunos de los nombres destacados en el esfuerzo de la Jerarquía de la Iglesia en la aplicación del Evangelio al campo de las relaciones político-económicas, de los hombres.
Sobre los cambios sociales provocados por el Cristianismo (Sin pretender agotar el tema) escribió León XIII:
“Con las máximas cristianas se renovó de arriba abajo la sociedad civil. Por virtud de esta renovación se mejoró el género humano. Cuando el mundo recibió la ley del Evangelio, la vida de Jesucristo penetró en las entrañas de la sociedad civil y la impregnó de sus preceptos y de sus leyes”. (Encíclica Rerum Novarum, N° 39)
Aniquilado el Imperio Romano por los bárbaros, la Iglesia logró cristianizarlos y fue en la Edad Media la rectora de una nueva civilización. Los monasterios fueron verdaderas escuelas de trabajo. Gracias a ellos se conservó la cultura de la antigüedad. Ellos fueron los creadores de las primeras universidades que conoció el mundo.
Hacia el año 1000 nacen, amparados por la Iglesia, los gremios, de extraordinaria importancia social. Se trataba de las primeras asociaciones de trabajadores de una misma profesión, organizados para aprender y perfeccionarse en su oficio, y para defender sus intereses económicos, sociales y religiosos.
Al irse adaptando los principios generales del Cristianismo a las necesidades de cada época, algunos Padres de la Iglesia y filósofos cristianos estudiaron en profundidad los problemas sociales. Destacó especialmente Santo Tomás de Aquino (Siglo XIII), cuya enseñanza dominó la Edad Media, llegando su influencia e importancia hasta nuestros días.
LAS TRANSFORMACIONES DE LA ERA INDUSTRIAL Y SUS CONSECUENCIAS
A fines del siglo XVIII (hasta la fecha) se produce, empezando en Europa y radicalizándose en Norteamérica, un cambio brusco en las formas de trabajo, en la vida económica total, a raíz de la sustitución del obrero por la invención de la maquinaria que lo va lentamente desplazando. Esto produjo una acumulación de capitales en manos de unos pocos, cesantía y una extraordinaria explotación de la mano de obra.
Lamentablemente, como recuerda León XIII los antiguos “gremios” fueron destruidos y los obreros, solos e indefensos, quedaron entregados a la inhumanidad de sus amos con “un yugo que difería poco del de los esclavos”.
Esta situación produjo una violenta reacción en pensadores sociales y en los trabajadores.
Entre los movimientos no cristianos nacieron así diversas formas de socialismo ateo, siendo el más importante de ellos el propuesto por el filósofo alemán Carlos Marx (1818-1883) quien lanzó, con su colega Federico Engels, el famoso “Manifiesto Comunista”, punto de partida del socialismo totalitario y del comunismo ateo.
Antes de la aparición del movimiento marxista ya hubo grupos católicos sociales que estudiaron y lucharon contra las injusticias del régimen capitalista, especialmente en Alemania, Francia, Inglaterra e Italia. Como consecuencia de estos estudios y experiencias, un grupo de estos precursores se reunió en Friburgo (Suiza) y prepararon una serie de estudios que culminarían con algunas de las primeras encíclicas sociales emitidas especialmente por el Papa León XIII.
Vale la pena señalar que aquí el nombre de José Toniolo, excelente filósofo y teólogo de los problemas sociales, el cual dio los elementos de las ciencias sociales (economía y sociología) necesarios parea darle fundamento científico al movimiento católico.
Algunos obispos, por su parte, denunciaron en enérgicos documentos la explotación a que eran sometidos los trabajadores en los países europeos. Mons. Ketler, en Alemania; el Cardenal Gibbons, en Bélgica; el Cardenal Manning, en Estados Unidos, son algunos de los nombres destacados en el esfuerzo de la Jerarquía de la Iglesia en la aplicación del Evangelio al campo de las relaciones político-económicas, de los hombres.
NEOLIBERALISMO EN AMÉRICA LATINA

Con la finalidad de conocer una de las principales causas de la situación de pobreza y marginalidad que hoy existen en vastos países del mundo, y de nuestra región, se te invita a leer el siguiente artículo titulado: “Neoliberalismo en América Latina” de los Superiores Provinciales de la Compañía de Jesús en América Latina.
NEOLIBERALISMO EN AMÉRICA LATINA
El Neoliberalismo, tal como se entiende en América Latina, es una concepción radical del capitalismo que tiende a absolutizar el mercado hasta convertirlo en el medio, el método y el fin de todo comportamiento humano inteligente y radical. Según esta concepción están subordinados al mercado la vida de las personas, el comportamiento de las sociedades y la política de los gobiernos. Este mercado absoluto no acepta regulación de ningún campo. Es libre, sin restricciones financieras, laborales, tecnológicas o administrativas.
LA SOCIEDAD DE LA QUE SOMOS PARTE
En el comienzo del siglo XXI las comunicaciones nos unen estrechamente, la tecnología nos da nuevas posibilidades de conocimiento y creatividad, y los mercados penetran todos los espacios sociales. En contraste con la década pasada, la economía de la mayoría de nuestros países ha vuelto a crecer. Este auge material, que podría abrir esperanzas para todos, deja sin embargo a multitudes en la pobreza, sin posibilidad de participar en la construcción del destino común, amenaza la identidad cultural, y destruye los recursos naturales. Se calcula que en Latinoamérica y el Caribe por lo menos 180 millones de personas viven en la pobreza y 80 millones sobreviven en la miseria. (CELAM).
Las dinámicas económicas que producen estos efectos perversos tienden a transformarse en ideologías y a absolutizar ciertos conceptos: el mercado, por ejemplo, de un instrumento útil y hasta necesario para elevar y mejorar la oferta y reducir los precios, pasa a ser el medio, el método y el fin que gobierna las relaciones de los seres humanos.
Para lograrlo, se generalizan en el Continente las medidas conocidas como neoliberales. Ellas ponen el crecimiento económico –y no la plenitud de todos los hombres y mujeres en armonía con la creación- como razón de ser de la economía. Restringen la intervención del Estado hasta despojarlo de responsabilidades por los bienes mínimos que se merece todo ciudadano por ser persona. Eliminan los programas generales de creación de oportunidades para todos y los sustituyen por apoyos ocasionales a grupos focalizados.
Privatizan empresas con el criterio de que en todos los casos el Estado es mal administrador. Abren sin restricciones las fronteras a mercancías, capitales y flujos financieros y dejan sin suficiente protección a los productores más pequeños y débiles. Hacen silencio sobre el problema de la deuda externa cuyo pago obliga a recortar drásticamente la inversión social.
Subordinan la complejidad de la hacienda pública al ajuste de las variables macroeconómicas: presupuesto fiscal equilibrado, reducción de la inflación y balanza de pagos estable; como si de allí se siguiera todo bien común y no se generaran nuevos para la población que tienen que ser atendidos simultáneamente. Insisten en que estos ajustes producirán un crecimiento que, cuando sea voluminoso, elevará los niveles de ingreso y resolverá por rebalse la situación de los desfavorecidos.
Para incentivar la inversión privada, eliminan los obstáculos que podrían imponer las legislaciones que protegen a los obreros. Liberan a grupos poderosos de impuestos y de las obligaciones con el medio ambiente, y los protegen para acelerar el proceso de industrialización, y así provocan una concentración todavía mayor de la riqueza y el poder económico. Ponen la actividad política al servicio de esta política económica, con la que caen en la paradoja de quitar todas las trabas al libre ejercicio del mercado, y al mismo tiempo controles políticos y sociales, por ejemplo a la libre contratación de mano de obra, para garantizar la hegemonía del mercado libre.
Debemos reconocer que estas medidas de ajuste han tenido también aportes positivos. Cabe señalar la contribución de los mecanismos de mercado para elevar la oferta de bienes de mejor calidad y precios. La reducción de la inflación en todo el continente. El quitar a los gobiernos tareas que no les competen para darles oportunidad de dedicarse, si quieren, al bien común. La conciencia generalizada de austeridad fiscal que utiliza mejor los recursos públicos. Y el avance de las relaciones comerciales entre nuestras naciones.
Pero estos elementos están lejos de compensar los inmensos desequilibrios y perturbaciones que causa el neoliberalismo en términos de concentración de los ingresos, la riqueza y la propiedad de la tierra; multiplicación de masas urbanas sin trabajo o subsisten en empleos inestables y poco productivos; quiebras de pequeñas y medianas empresas; destrucción y desplazamiento forzado de poblaciones indígenas y campesinas; expansión del narcotráfico basado en sectores rurales cuyos productos tradicionales quedan fuera de competencia; desaparición de la seguridad alimenticia; aumento de la criminalidad provocada no pocas veces por el hambre y la miseria; desestabilización de las economías nacionales por los flujos libres de la especulación internacional; desajustes en comunidades locales por proyectos de empresas multinacionales que prescinden de los pobladores.
En consecuencia, al lado de un crecimiento moderado, aumenta en casi todos nuestro países el malestar social que se expresa en protestas ciudadanas y huelgas. Vuelve a tomar fuerza en algunos lugares la lucha armada, que nada soluciona. Aumenta el rechazo a la orientación económica general que, lejos de mejorar el bien común, profundiza las causas tradicionales del descontento popular: la desigualdad, la miseria y la corrupción.
LA CONCEPCIÓN DEL SER HUMANO
Detrás de la racionalidad económica que suele llamarse neoliberal hay una concepción del ser humano que delimita la grandeza del hombre y la mujer a la capacidad de generar ingresos monetarios. Exacerba el individualismo y la carrera por ganar y poseer, y lleva fácilmente a atentar contra la integridad de la creación. En muchos casos desata la codicia, la corrupción y la violencia. Y, al generalizarse en los grupos sociales, destruye radicalmente la comunidad.
Se impone así un orden de valores donde prima la libertad individual para acceder al consumo de satisfacciones y placeres; que legitima, entre otras cosas, la droga y el erotismo sin restricciones. Una libertad que rechaza cualquier interferencia del Estado en la iniciativa privada, se opone a planes sociales, desconoce la virtud de la solidaridad y sólo acepta las leyes de mercado.
Por el proceso de globalización de la economía, esta manera de comprender al hombre y la mujer penetra nuestros países con contenidos simbólicos con gran capacidad de seducción. Gracias al dominio sobre los medios de comunicación masiva, rompen las raíces de identidad de culturas locales que no tienen poder para comunicar su mensaje.
Comúnmente los dirigentes de nuestras sociedades, articulados a estos movimientos de globalización y embebidos en la aceptación indiscriminada de las razones del mercado, viven como extranjeros en sus propios países. Sin dialogar con el pueblo, lo consideran obstáculo y peligro para sus intereses, y no como hermano, compañero o socio. De manera más general, esta concepción considera normal que nazcan y mueran en la miseria millones de hombres y mujeres del continente, incapaces de generar ingresos para comprar una calidad de vida más humana. Por eso los gobiernos y sociedades no experimentan el escándalo frente al hambre y la incertidumbre de multitudes desplazadas y perplejas ante los excesos de los que usan, sin pensar en los demás, los recursos de la sociedad y de la naturaleza.
LA SOCIEDAD QUE QUEREMOS
Gracias a Dios, hay iniciativas de transformación que insinúan el surgimiento de un mundo nuevo desde diversos grupos culturales, etnias, generaciones, género y sectores sociales. Animados por estos esfuerzos queremos ayudar a construir una realidad más cercana al Reino de justicia, solidaridad y fraternidad del Evangelio; donde la vida con dignidad sea posible para todos los hombres y mujeres.
Una sociedad donde toda persona pueda acceder a los bienes y servicios que se merece por haber sido llamada a compartir este camino común hacia Dios. No reclamamos la sociedad de bienestar, de las satisfacciones materiales ilimitadas, sino una sociedad justa, donde nadie quede excluido del trabajo y del acceso a bienes fundamentales para la realización personal, como la educación, la nutrición, la salud, el hogar y la seguridad.
Queremos una sociedad donde todos podamos vivir en familia y mirar al futuro con ilusión, compartir la naturaleza y legar sus maravillas a las generaciones que nos sucederán. Una sociedad atenta a las tradiciones culturales que dieron identidad a los pueblos indígenas; a los pobladores que llegaron de otra parte, a los afroamericanos y mestizos.
Una sociedad sensible a los débiles, a los marginados, a quienes han sufrido los impactos de procesos socioeconómicos que no ponen al ser humano en el primer lugar. Una sociedad democrática, construida participativamente, donde la actividad política sea la opción de los que quieren entregarse al servicio de los intereses generales que importan a todos.
Somos conscientes de que alcanzar este tipo de sociedad tiene un precio elevado, por los cambios de actitudes, hábitos y valoraciones que exige. Nos reta a hacer nuestros aquellos elementos positivos de la modernidad, como el trabajo, la organización, la eficiencia, sin los cuales no podemos construir esa sociedad que soñamos.
Queremos finalmente contribuir a la construcción de una comunidad latinoamericana entre nuestros pueblos.
LO SOCIAL, DERECHO Y DEBER DE LA IGLESIA

LO SOCIAL, DERECHO Y DEBER DE LA IGLESIA
La Iglesia, para cumplir con sinceridad su misión, junto con predicar que el hombre es imagen de Dios, debe procurar que sea respetado y viva como tal. Cuando contempla un orden socioeconómico injusto, que oprime a la persona humana. Ella, como custodia de la verdad y de la moral, no puede callar, ni menos permanecer pasiva, cooperando indirectamente con el mal.
Ya Pío XI expresó claramente: “Es un error afirmar que el orden económico y el orden moral estén separado”. (Encíclica “Quadragesimo Anno”, N° 31)
A lo que agregó Pío XII: “Es competencia indiscutible de la Iglesia, en aquella parte del orden social en que éste se acerca y aun llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un determinado orden social están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador ha manifestado por medio del derecho natural y de la Revelación”. (Radiomensaje de Pentecostés, 1941, N° 5)
Siguiendo estas líneas, el Concilio Vaticano II define muy bien la misión de la Iglesia y su responsabilidad en el mundo, como ya notamos más arriba:
“La misión que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 42)
Además, siendo la vida en este mundo la condición que determina la suerte del hombre por toda la eternidad, la Iglesia tiene la obligación de señalar a sus hijos las normas de conducta que han de adoptar en todas partes sus actividades terrenas, para cumplir el Plan de Dios en el mundo y alcanzar su destino sobrenatural.
Todo esto corresponde al Magisterio de la Iglesia, es decir, a la “potestad y deber” que Cristo le confió de enseñar a los hombres la verdad y tutelar el orden moral.
Por esta razón, el mismo Concilio declara:
“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna, y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 76)
FUE ASÍ DESDE LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA
Cristo predicó una doctrina que habla de justicia, de paz, de generosidad y amor entre los hombres. Desde el comienzo, sus seguidores se distinguieron por la práctica fervorosa de estas virtudes. Y el mundo pagano se estremeció, porque con tal doctrina eran atacadas a fondo sus estructuras injustas, crueles e inhumanas. Los conceptos de “dignidad del hombre”, “empleo justo de las riquezas”, “fraternidad humana”, “amor a los pobres”, etc., comenzaron desde entonces a penetrar en el mundo.
Así, cuando la Iglesia empezó a ser considerada como autoridad espiritual humanizadota, se constituyó en civilizadora de los pueblos, promotora de la cultura y animadora de la vida social a través de la historia.
En la época contemporánea, los Papas han levantado valientemente su voz para denunciar injusticias sociales, defender los derechos de las grandes masas trabajadoras, señalando los principios fundamentales en que debe recrearse un orden político-económico humanitario.
Ya Pío XI expresó claramente: “Es un error afirmar que el orden económico y el orden moral estén separado”. (Encíclica “Quadragesimo Anno”, N° 31)
A lo que agregó Pío XII: “Es competencia indiscutible de la Iglesia, en aquella parte del orden social en que éste se acerca y aun llega a tocar el campo moral, juzgar si las bases de un determinado orden social están de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador ha manifestado por medio del derecho natural y de la Revelación”. (Radiomensaje de Pentecostés, 1941, N° 5)
Siguiendo estas líneas, el Concilio Vaticano II define muy bien la misión de la Iglesia y su responsabilidad en el mundo, como ya notamos más arriba:
“La misión que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. El fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misión religiosa derivan funciones, luces y energías que pueden servir para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 42)
Además, siendo la vida en este mundo la condición que determina la suerte del hombre por toda la eternidad, la Iglesia tiene la obligación de señalar a sus hijos las normas de conducta que han de adoptar en todas partes sus actividades terrenas, para cumplir el Plan de Dios en el mundo y alcanzar su destino sobrenatural.
Todo esto corresponde al Magisterio de la Iglesia, es decir, a la “potestad y deber” que Cristo le confió de enseñar a los hombres la verdad y tutelar el orden moral.
Por esta razón, el mismo Concilio declara:
“Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna, y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”. (Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática “Gaudium at Spes”, N° 76)
FUE ASÍ DESDE LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA
Cristo predicó una doctrina que habla de justicia, de paz, de generosidad y amor entre los hombres. Desde el comienzo, sus seguidores se distinguieron por la práctica fervorosa de estas virtudes. Y el mundo pagano se estremeció, porque con tal doctrina eran atacadas a fondo sus estructuras injustas, crueles e inhumanas. Los conceptos de “dignidad del hombre”, “empleo justo de las riquezas”, “fraternidad humana”, “amor a los pobres”, etc., comenzaron desde entonces a penetrar en el mundo.
Así, cuando la Iglesia empezó a ser considerada como autoridad espiritual humanizadota, se constituyó en civilizadora de los pueblos, promotora de la cultura y animadora de la vida social a través de la historia.
En la época contemporánea, los Papas han levantado valientemente su voz para denunciar injusticias sociales, defender los derechos de las grandes masas trabajadoras, señalando los principios fundamentales en que debe recrearse un orden político-económico humanitario.
NECESIDAD DE CONVERSIÓN
Al trabajar por la renovación cristiana del mundo según los principios y normas de esta Doctrina, sus seguidores han de tener en cuenta que no podrá haber cambios sociales reales y efectivos mientras no cambien a fondo las personas; y que no puede promoverse una verdadera cristianización del mundo si sus impulsores no son consecuentes con las exigencias cristianas de su propia vida personal.
“La Iglesia considera, ciertamente, importante y urgente la edificación de estructuras más humanas, más justas, más respetuosas de los derechos de las personas, menos opresivas y menos avasalladoras; pero está consciente de que aun las mejores estructuras, los sistemas más idealizados, se convierten pronto en inhumanos, si las inclinaciones del hombre no son saneadas; si no hay una conversión de corazón y de mente por parte de quienes viven esas estructuras o las rigen”. (Pablo IV, “Evangelii Nuntiandi, Nº 36).
¿DE DÓNDE VENDRÁ LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA?
¿POR QUÉ SE LE TIENE TANTO RESPETO A SU OPINIÓN EN MATERIAS HUMANAS?
FUENTES DE LAS ENSEÑANZAS SOCIALES
Como parte integrante del mensaje cristiano, la Doctrina Social reconoce las siguientes fuentes:
1. La ley natural, entendiendo como tal el conjunto de normas éticas que todo hombre descubre en su propia conciencia, por simple hecho de ser hombre. Así, por ejemplo, tanto un cristiano como un budista o un musulmán, sienten como algo natural que el hombre debe hacer el bien y evitar el mal. Que debe ser justo, solidario con sus semejantes, misericordioso, etc. Que no debe robar, explotar a los demás, asesinar, etc. Es su misma razón la que le dicta tales principios.
Estos grandes principios universales, son las primeras bases de la Enseñanza Social de la Iglesia.
2. La Revelación: es aquello que el hombre ha aprendido directamente de Dios, porque Él mismo quiso manifestárselo. ¡La Revelación general para toda la humanidad, está en la Biblia! Sus grandes principios son base fundamental de la Doctrina Social. Integrada también a la Revelación está la Tradición, que comprende el conjunto de “costumbres” recibidas de los Apóstoles y transmitidas por sus legítimos sucesores hasta nosotros. Es parte de la vida de la Iglesia; afluye al caudal en que ella navega y enmarca la acción y la interpretación cristianas. Está estrechamente unida y compenetrada con la Sagrada Escritura.
Existen pasajes y textos de la Biblia, por ejemplo, que nos recuerdan con frecuencia aspectos o principios de carácter social. Después de la creación de los animales, dice el Señor: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1, 26), con lo cual manifiesta la dignidad del hombre, superior a todas las otras creaturas. Otros grandes principios bíblicos, son: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22,39). “Quien tenga dos túnicas, dé una al que no tiene” (Lc 3,11). “El salario que no pagasteis a los obreros en vuestros campos, clama al Señor” (Stgo 5,4). Como éstas podríamos señalar decenas de citas.
3. El Magisterio Social: Es la enseñanza oficial dada por la Iglesia, a través de quienes tienen autoridad para ello, conteniendo normas y principios relativos al orden social, económico y político. Los documentos que contienen el Magisterio Social, constituyen las fuentes especiales de la Doctrina Social, en tanto que la Ley Natural, la Revelación (Biblia y Tradición), son sus fuentes generales. Entre los documentos del Magisterio Social, deben mencionarse las Encíclicas de los Papas; las enseñanzas del Concilio Vaticano II, especialmente la Constitución “Gozo y Esperanza”; los acuerdos de los Obispos latinoamericanos en Medellín, Puebla y Santo Domingo; y los pronunciamientos de las Conferencias Episcopales de los distintos países.
LA IGLESIA, ¿TIENE SOLUCIONES A LOS PROBLEMAS SOCIALES?

LA IGLESIA, ¿TIENE SOLUCIONES A LOS PROBLEMAS SOCIALES?
Al enfrentarse a los problemas del mundo actual, el cristiano se preguntará también si la Iglesia tiene respuestas concretas frente al inmenso cúmulo de tensiones que agitan a la sociedad de hoy.
La Iglesia no tiene respuestas en el sentido de un recetario donde encontrar la fórmula mágica para cada caso. Pretenderlo sería un engaño, porque es imposible elaborar una fórmula, ya que los casos y situaciones son diferentes: dependen de las personas, de las regiones, de las épocas históricas. También sería poco cristiano dar un recetario: el discípulo de Cristo se sabe libre, y debe tener la posibilidad de ejercer esa libertad al buscar elementos para construir una sociedad cada vez más humana.
Ciertamente la Iglesia tiene su respuesta frente a los problemas sociales, entendiendo por tal un cuerpo básico de principios que permiten analizar y enfrentar la realidad problemática a la luz de las enseñanzas y actitudes de Jesús. Ellos orientan la acción social, política y económica de los cristianos. El conjunto de tales principios, en el contexto de toda la Revelación, teología y praxis de la Iglesia, en sus dos mil años de experiencia, constituye la Doctrina Social de la Iglesia.
Se trata de un conjunto ordenado de principios y criterios que permite a los cristianos una visión integrada y de conjunto sobre los hechos y problemas sociales, en un enfoque de acuerdo con el Evangelio de Jesús. Es una respuesta dinámica que facilita un enfoque cristiano de los hechos sociales; que permite dar una real dimensión a los valores temporales y enfrentar positivamente la obligada tensión entre los principios permanentes y las situaciones concretas y cambiantes de cualquier grupo humano.
Esta doctrina no es algo teórico y abstracto que se petrifique en el mundo de las ideas estáticas. Como toda doctrina, está llamada a la acción y conduce a realizaciones concretas y eficaces, ya sea partiendo de principios seguros y fundamentales, o de la dinámica movilidad de los hechos humanos, cotejados con aquellos principios.
SUGERENCIA DE ACTIVIDAD PERSONAL:
Mucha gente comete el error de criticar a la Iglesia sin ni siquiera conocer a fondo los principios que la sustentan para su existencia y participación en el mundo. Para que no te ocurra a ti eso o, simplemente, para dar una opinión informada, te invito a indagar sobre algunos documentos emanados de la Doctrina de la Iglesia como las encíclicas papales o constituciones dogmáticas o manifiestos eclesiales o cualquier otro que te sirva para instruirte y poder así participar de conversaciones o grupos de discusión de manera más responsable.
¡ES MEJOR VOLARSE...!

A continuación se te presentan algunos datos e informaciones recientes sobre jóvenes chilenos, extraídos de la revista “Generación O. C.” Léelos con atención y reflexiona.
¡ES MEJOR VOLARSE!
¡ES MEJOR VOLARSE!
La sociedad frente al consumo: magnitud real y sanción legal.
El mundo de los “locos” y “volados” es un dato obligado para la juventud popular. Pero no solamente para ella. Y he aquí el primer nudo del problema: la marihuana se consume en forma cada vez más masiva. En 2000, la Vicaría Pastoral Juvenil señalaba que el 8,6% de los jóvenes chilenos consume regularmente marihuana y el 19,4% lo hace a veces. Este 28% que ha consumido alguna vez aumenta a un 30% en la comuna de San Miguel; a 35,7% en La Granja; a 36,3% en Santiago; a 40% en Pudahuel y la cisterna; y a un 63,6% en La Florida. Un estudio realizado en Macul en 2005 arroja un 70% de consumidores entre la población masculina juvenil expuesta. Por otra parte, el porcentaje de consumo en comunas acomodadas como La Reina (15%) y Las Condes (14%) es considerablemente más bajo.
Si extrapolamos estas cifras al total de la población de 15 a 29 años estimada para a 2009 para la provincia de Santiago (1.213.643), tenemos que el 8,6% corresponde a 104.373 consumidores habituales y el 19,4% a 235.447 consumidores ocasionales, lo que arroja un total de 339.820 consumidores jóvenes sólo en la provincia de Santiago.
A quienes cuestionan totalmente estimaciones como éstas, hay que recordarles que muchos adultos mayores de 30 años también consumen marihuana (y no sólo marihuana); a pesar de lo cual, no aceptan hablar del asunto con franqueza. En verdad se trata de una realidad que desconcierta de tal forma que, incluso, ninguna agrupación política ha hecho proposiciones frente al tema (curioso, ¿no?).
En este punto se vuelve necesaria la socialización del problema. Hablar francamente de él. Discutir qué hacer.
Y en nuestra ciudad, ¿Qué?
EMBARAZO EN ADOLESCENTES: TENDENCIA AL AUMENTO
En nuestro país hay más de un millón de mujeres cursando la segunda décadas de sus vidas. Forman parte de un grupo definido como adolescentes, de acuerdo a los criterios erarios usados por la Organización Mundial de la Salud. De estas muchachas, nacen cerca de 40.000 niños cada año. Esta cifra, aunque muy importante, no cubre la totalidad del fenómeno del embarazo en adolescentes. Una cuantificación real del problema es difícil de realizar, porque ello requeriría considerar la magnitud que alcanza el aborto en este grupo.
El aborto inducido es ilegal en nuestro país; las cifras y datos estadísticos de que se dispone son escasos, aun cuando el análisis de esa información revela una clara tendencia al ascenso en edades tempranas. Los embarazos en adolescentes cuya resolución es el aborto, aunque no reconocido en las estadísticas, debieran ser suficientemente valorados al evaluar la magnitud del problema, por cuanto una mayor frecuencia probable de aborto inducido en este grupo plantea riesgos potenciales de salud, distintos a los que implica la continuación del embarazo.
En la actualidad, uno de entre seis o siete niños que nacen en nuestro país es hijo de una madre adolescente; en el año 65 esa porción era de uno entre nueve. Las tasas de fecundidad del grupo de mujeres menores de 20 años no muestran una tendencia acelerada al ascenso, más bien, aunque con fluctuaciones, han experimentado una leve disminución en las últimas décadas. Los descensos de las tasas de fecundidad en este grupo, que entre los años 60-90 llegan a 19,7%, son muy inferiores a los experimentados por los grupos de entre 20 a 39 años, que muestran un descenso promedio de sus tasas de fecundidad de 50,5%. Esto significa que, como el nivel de fecundidad de las mujeres adultas ha descendido, el peso relativo del aporte de hijos de madres adolescentes ha experimentado una clara tendencia al ascenso.
PARA REFLEXIONAR:
¿Qué consecuencias para el futuro afrontan los adolescentes afectados por estas situaciones? ¿Y sus familiares? ¿Y el país?
¿De quién o de quiénes es la responsabilidad: de la situación socioeconómica, de las autoridades, de los padres, de cada uno, de la sociedad?
¿Qué desafíos plantean estas situaciones a los jóvenes, a la familia, al Estado, a la Iglesia?
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