
EL MUNDO DE HOY, DESAFÍO PARA LOS CRISTIANOS
Muchos cristianos deben sentirse inevitablemente desconcertados por el estado en que se encuentra nuestro mundo: el egoísmo, el odio, la violencia y la pobreza existentes en tantas partes del planeta. De ahí que una de las preguntas más urgentes de nuestro tiempo es ¿qué pueden hacer los cristianos para construir una sociedad nueva y mejor y superar las enormes desigualdades económicas, sociales y políticas que separan a pueblos y naciones? Como creyentes tenemos la responsabilidad particular de trabajar para el advenimiento del Reino de Dios, creando la Civilización del Amor. Esto lo entendemos como un propósito general, pero… ¿Qué más debemos hacer?, y ¿por qué?
En este tema vamos a delinear una respuesta básica con la cual irán enlazándose otras que, en conjunto, pretenden responder a aquellas graves cuestiones.
Cuando el hombre llegó a la luna comenzó a ver al planeta Tierra de una manera distinta. Las sorprendentes fotografías del espacio, mostradas a un mundo maravillado, revelaron que nuestra Tierra es un globo pequeño, brillante, azul y blanco, que flota en medio del inmenso y negro “cielo” del universo.
Sin embargo, pensamientos llenos de inquietud se agolparon al mismo tiempo en la mente de muchos: ¿por qué este pequeño planeta, hogar común de toda la humanidad, contiene tanta injusticia, rivalidades y desesperación? ¿Por qué las tres cuartas partes de todos los hombres, mujeres y niños están condenados al hambre, a la pobreza y a la impotencia, mientras que otros viven en gran abundancia, sostenidos por un terrible poder tecnológico?
RESPONSABILIDAD DE LOS CREYENTES
Los cristianos que durante mucho tiempo oraron por la venida del Reino de Dios, se sintieron motivados por esta visión nueva de la creación divina, pero al mismo tiempo comenzaron a plantearse otras preguntas:
La forma como estamos viviendo, ¿refleja realmente el amor del Padre? ¿Se está utilizando el nuevo poder tecnológico y científico que tiene a su disposición el hombre para beneficio de todos los hombres, conforme a las exigencias de la Verdad, de la Justicia, del Amor y de la Libertad, como Dios lo tiene planeado? ¿Hay en la base de la fe en Jesucristo, como Salvador de este mundo, verdades que aporten a la paz, armonía y felicidad sugeridas en la unidad visual de este pequeño globo, azul y blanco, que flota en el espacio?
EL CRISTIANO Y LOS PROBLEMAS SOCIALES
La primera página de la Biblia al detallar la forma en que el Creador fue dando vida al Universo, reitera una y otra vez que “todo ello era bueno”. Como coronación de su obra, Dios crea al hombre y, para que domine sobre todo lo creado, le ordena crecer, multiplicarse y hacerse dueño de toda la Tierra. (Véase Gn 1, 3-31)
A poco andar, con la distorsión que trae consigo el pecado, el avance del hombre se hace fatigoso. Surge su división íntima y “toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas”. (Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes, N° 13.)
En la dinámica de la historia, es bueno y deseable que el hombre se esmere por aprovechar todo cuanto puso Dios a su alcance, y mejorar el mundo que lo rodea. Más aún, el hombre está obligado a trabajar en tal sentido, como justificación de su paso por la Tierra. No ha de olvidarse que, de acuerdo a cómo vive en este mundo, prepara cada cual su destino más allá de la muerte.
LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO
El Concilio Vaticano II enfatiza, sin embargo, que todo cuanto haga el hombre en el campo de la vida social sobre la Tierra, no sólo es bueno como medio para alcanzar el destino sobrenatural, sino que es bueno en sí mismo, tal como Dios fue encontrando “bueno” cuanto creó: “todo lo que constituye el orden temporal: bienes de la vida, de la familia, la cultura, la
economía, las artes y las profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales y otras realidades semejantes, así como su evolución y progreso, no son sólo medios para el fin último del hombre sino que tienen, además, un valor propio puesto por Dios en ellos, ya se los considere en sí mismos ya como parte de todo orden temporal”. (Concilio Vaticano II, Apostolicam actuositatem, N° 7)
Ahora si reunimos este conjunto de “cosas buenas” que interesan al hombre sobre la Tierra, tendremos lo que se entiende por “valores temporales”. Con lo explicado queda en claro que estos valores son, en sí mismos, de gran importancia para los cristianos; que éstos, en su condición de tales, están obligados a trabajar por el desarrollo máximo de tales valores: sean ellos educación, vivienda, diversiones, trabajo, vida familiar, acción gremial y todo cuanto ayude a elevar la vida personal y social del hombre sobre la Tierra.
Precisamente, cuando estos valores enfrentan conflictos, desórdenes, injusticias o violaciones masivas del derecho que todos los hombres tienen de gozar de ellos, se ve más clara aún la responsabilidad del cristiano. La realidad de países subdesarrollados, como el nuestro y las tres cuartas partes del globo terrestre, es sumamente elocuente a este respecto.
LA IGLESIA Y LO TEMPORAL
Las razones expuestas nos permiten comprender por qué la Iglesia se preocupa no sólo de asuntos espirituales, sino de todo cuanto atañe a la vida del hombre, de todos los hombres, en todos los tiempos.
La Iglesia recibió de Cristo una misión netamente espiritual; evangelizar a los pueblos. Esta finalidad, como lo reconoce el Concilio Vaticano II, no es de orden político, económico o social.
“Pero –aclara por su parte Pablo VI- la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpretación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre. Precisamente por esto, la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana; sobre la vida familiar, sin la cual apenas es posible el progreso personal; sobre la vida comunitaria de la sociedad; sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación”.
ACTIVIDAD PARA UNA REFLEXIÓN PROFUNDA
A continuación se te presentan algunos datos e informaciones recientes sobre jóvenes chilenos, extraídos de la monografía “Una crítica al Sistema Neoliberal de Enseñanza Chileno” de AVM. Léelo con atención y reflexiona.
EDUCACIÓN MEDIA ¿PARA QUÉ?
Para la mayoría de los jóvenes que pertenecen a sectores populares, la Educación Media es una buena forma de “ocupar el tiempo de ocio”. Pueden mantener actividades laborales sin que ello se refleje en un menor rendimiento; tienen inasistencias que en promedio superan el 10%, mientras que para el 15% de los alumnos son superiores al 20%. A excepción de las horas que permanecen en el liceo, la mayoría de los alumnos no dedica ningún tiempo a estudiar y los resultados así lo demuestran, ya que los promedios de notas por curso son inferiores al 5,0.
A pesar de esta aparente “apatía” frente a las actividades propiamente estudiantiles, apoderados, profesores y los mismos alumnos centran sus esfuerzos en que estos últimos se mantengan dentro del sistema escolar. Este interés corresponde a las exigencias administrativas que se les hacen a los docentes, al interés de las madres por controlar a sus hijos y a la falta de alternativas que tienen los jóvenes.
Madres y alumnos consideran que la función central de la educación es la preparación para el futuro laboral. El acceso a un “buen trabajo” es uno de los aspectos en que las madres esperan que sus hijos se diferencien de ellas y de sus padres, y piensan que esto lo lograrán a través de la educación. El futuro laboral, incluidas las posibilidades de movilidad social y económica, se relaciona con la finalización de la Educación Media, mucho más que con las competencias adquiridas en este nivel educacional. Se trata de una lógica de relaciones entre educación y sociedad que es credencialista. La importancia de tener un “cartón” se ve desde dos puntos de vista: para obtener “algún” trabajo o para tener un trabajo “mejor” o “con futuro”.
En las entrevistas, las madres se refirieron a las dificultades para buscar trabajo y a la humillación que se sufre al no tener educación, porque “hasta para barrer piden papeles”. También a través de la educación se puede obtener una “profesión” u “oficio”. El oficio es visto como la posibilidad de una mejor situación económica (“que puedan darle a sus hijos lo que ellos no tuvieron”) o de mejores condiciones de trabajo (“es dura la vida pegada a una máquina”).
Algo menos del 40% en el total de la muestra de alumnos pretende seguir sus estudios después de terminar Cuarto Año Medio, pero sólo un 19% tiene claro que quisiera llegar a la Educación Superior; estas cifras contrastan con el 47% que piensa trabajar y el 10% que desea ingresar a las Fuerzas Armadas. Entre los alumnos de Liceos Científico-Humanistas, los que quieren seguir estudiando ascienden a un 55%, mientras que en los Liceos Técnico-Profesionales disminuye a un 31,8%. También encontramos diferencia cuando los alumnos trabajan remuneradamente en forma simultánea a sus estudios, de los cuales sólo un 27,6% pretende seguir estudiando; entre los que no trabajan, esta cifra sube al 49,3%. Lo interesante de notar aquí es que incluso al interior de los estudiantes más pobres hay diferencias importantes respecto de sus intereses posteriores al término de la Educación Media. Sin embargo, el sistema educacional actúa bajo el supuesto de que tendrán un destino semejante, mientras para una gran parte de los alumnos, la Media no es “medio” para lo que ellos quisieran...
En este tema vamos a delinear una respuesta básica con la cual irán enlazándose otras que, en conjunto, pretenden responder a aquellas graves cuestiones.
Cuando el hombre llegó a la luna comenzó a ver al planeta Tierra de una manera distinta. Las sorprendentes fotografías del espacio, mostradas a un mundo maravillado, revelaron que nuestra Tierra es un globo pequeño, brillante, azul y blanco, que flota en medio del inmenso y negro “cielo” del universo.
Sin embargo, pensamientos llenos de inquietud se agolparon al mismo tiempo en la mente de muchos: ¿por qué este pequeño planeta, hogar común de toda la humanidad, contiene tanta injusticia, rivalidades y desesperación? ¿Por qué las tres cuartas partes de todos los hombres, mujeres y niños están condenados al hambre, a la pobreza y a la impotencia, mientras que otros viven en gran abundancia, sostenidos por un terrible poder tecnológico?
RESPONSABILIDAD DE LOS CREYENTES
Los cristianos que durante mucho tiempo oraron por la venida del Reino de Dios, se sintieron motivados por esta visión nueva de la creación divina, pero al mismo tiempo comenzaron a plantearse otras preguntas:
La forma como estamos viviendo, ¿refleja realmente el amor del Padre? ¿Se está utilizando el nuevo poder tecnológico y científico que tiene a su disposición el hombre para beneficio de todos los hombres, conforme a las exigencias de la Verdad, de la Justicia, del Amor y de la Libertad, como Dios lo tiene planeado? ¿Hay en la base de la fe en Jesucristo, como Salvador de este mundo, verdades que aporten a la paz, armonía y felicidad sugeridas en la unidad visual de este pequeño globo, azul y blanco, que flota en el espacio?
EL CRISTIANO Y LOS PROBLEMAS SOCIALES
La primera página de la Biblia al detallar la forma en que el Creador fue dando vida al Universo, reitera una y otra vez que “todo ello era bueno”. Como coronación de su obra, Dios crea al hombre y, para que domine sobre todo lo creado, le ordena crecer, multiplicarse y hacerse dueño de toda la Tierra. (Véase Gn 1, 3-31)
A poco andar, con la distorsión que trae consigo el pecado, el avance del hombre se hace fatigoso. Surge su división íntima y “toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas”. (Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes, N° 13.)
En la dinámica de la historia, es bueno y deseable que el hombre se esmere por aprovechar todo cuanto puso Dios a su alcance, y mejorar el mundo que lo rodea. Más aún, el hombre está obligado a trabajar en tal sentido, como justificación de su paso por la Tierra. No ha de olvidarse que, de acuerdo a cómo vive en este mundo, prepara cada cual su destino más allá de la muerte.
LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO
El Concilio Vaticano II enfatiza, sin embargo, que todo cuanto haga el hombre en el campo de la vida social sobre la Tierra, no sólo es bueno como medio para alcanzar el destino sobrenatural, sino que es bueno en sí mismo, tal como Dios fue encontrando “bueno” cuanto creó: “todo lo que constituye el orden temporal: bienes de la vida, de la familia, la cultura, la
economía, las artes y las profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales y otras realidades semejantes, así como su evolución y progreso, no son sólo medios para el fin último del hombre sino que tienen, además, un valor propio puesto por Dios en ellos, ya se los considere en sí mismos ya como parte de todo orden temporal”. (Concilio Vaticano II, Apostolicam actuositatem, N° 7)
Ahora si reunimos este conjunto de “cosas buenas” que interesan al hombre sobre la Tierra, tendremos lo que se entiende por “valores temporales”. Con lo explicado queda en claro que estos valores son, en sí mismos, de gran importancia para los cristianos; que éstos, en su condición de tales, están obligados a trabajar por el desarrollo máximo de tales valores: sean ellos educación, vivienda, diversiones, trabajo, vida familiar, acción gremial y todo cuanto ayude a elevar la vida personal y social del hombre sobre la Tierra.
Precisamente, cuando estos valores enfrentan conflictos, desórdenes, injusticias o violaciones masivas del derecho que todos los hombres tienen de gozar de ellos, se ve más clara aún la responsabilidad del cristiano. La realidad de países subdesarrollados, como el nuestro y las tres cuartas partes del globo terrestre, es sumamente elocuente a este respecto.
LA IGLESIA Y LO TEMPORAL
Las razones expuestas nos permiten comprender por qué la Iglesia se preocupa no sólo de asuntos espirituales, sino de todo cuanto atañe a la vida del hombre, de todos los hombres, en todos los tiempos.
La Iglesia recibió de Cristo una misión netamente espiritual; evangelizar a los pueblos. Esta finalidad, como lo reconoce el Concilio Vaticano II, no es de orden político, económico o social.
“Pero –aclara por su parte Pablo VI- la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpretación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre. Precisamente por esto, la evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona humana; sobre la vida familiar, sin la cual apenas es posible el progreso personal; sobre la vida comunitaria de la sociedad; sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación”.
ACTIVIDAD PARA UNA REFLEXIÓN PROFUNDA
A continuación se te presentan algunos datos e informaciones recientes sobre jóvenes chilenos, extraídos de la monografía “Una crítica al Sistema Neoliberal de Enseñanza Chileno” de AVM. Léelo con atención y reflexiona.
EDUCACIÓN MEDIA ¿PARA QUÉ?
Para la mayoría de los jóvenes que pertenecen a sectores populares, la Educación Media es una buena forma de “ocupar el tiempo de ocio”. Pueden mantener actividades laborales sin que ello se refleje en un menor rendimiento; tienen inasistencias que en promedio superan el 10%, mientras que para el 15% de los alumnos son superiores al 20%. A excepción de las horas que permanecen en el liceo, la mayoría de los alumnos no dedica ningún tiempo a estudiar y los resultados así lo demuestran, ya que los promedios de notas por curso son inferiores al 5,0.
A pesar de esta aparente “apatía” frente a las actividades propiamente estudiantiles, apoderados, profesores y los mismos alumnos centran sus esfuerzos en que estos últimos se mantengan dentro del sistema escolar. Este interés corresponde a las exigencias administrativas que se les hacen a los docentes, al interés de las madres por controlar a sus hijos y a la falta de alternativas que tienen los jóvenes.
Madres y alumnos consideran que la función central de la educación es la preparación para el futuro laboral. El acceso a un “buen trabajo” es uno de los aspectos en que las madres esperan que sus hijos se diferencien de ellas y de sus padres, y piensan que esto lo lograrán a través de la educación. El futuro laboral, incluidas las posibilidades de movilidad social y económica, se relaciona con la finalización de la Educación Media, mucho más que con las competencias adquiridas en este nivel educacional. Se trata de una lógica de relaciones entre educación y sociedad que es credencialista. La importancia de tener un “cartón” se ve desde dos puntos de vista: para obtener “algún” trabajo o para tener un trabajo “mejor” o “con futuro”.
En las entrevistas, las madres se refirieron a las dificultades para buscar trabajo y a la humillación que se sufre al no tener educación, porque “hasta para barrer piden papeles”. También a través de la educación se puede obtener una “profesión” u “oficio”. El oficio es visto como la posibilidad de una mejor situación económica (“que puedan darle a sus hijos lo que ellos no tuvieron”) o de mejores condiciones de trabajo (“es dura la vida pegada a una máquina”).
Algo menos del 40% en el total de la muestra de alumnos pretende seguir sus estudios después de terminar Cuarto Año Medio, pero sólo un 19% tiene claro que quisiera llegar a la Educación Superior; estas cifras contrastan con el 47% que piensa trabajar y el 10% que desea ingresar a las Fuerzas Armadas. Entre los alumnos de Liceos Científico-Humanistas, los que quieren seguir estudiando ascienden a un 55%, mientras que en los Liceos Técnico-Profesionales disminuye a un 31,8%. También encontramos diferencia cuando los alumnos trabajan remuneradamente en forma simultánea a sus estudios, de los cuales sólo un 27,6% pretende seguir estudiando; entre los que no trabajan, esta cifra sube al 49,3%. Lo interesante de notar aquí es que incluso al interior de los estudiantes más pobres hay diferencias importantes respecto de sus intereses posteriores al término de la Educación Media. Sin embargo, el sistema educacional actúa bajo el supuesto de que tendrán un destino semejante, mientras para una gran parte de los alumnos, la Media no es “medio” para lo que ellos quisieran...
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